Educando en Virtudes: Templanza (3)

“Soy el amo de mi destino, Soy el capitán de mi alma.”.
Invictus, de William Ernest Henley 

Educar en la virtud de la Templanza es importante ya que ayudará a nuestros hijos a dominar sus impulsos, pasiones, y apetitos a través de su voluntad, algo que les será de gran ayuda a lo largo de su vida.

También será importante lograr en ellos el mejor conocimiento de si mismos para que aprendan a utilizar adecuadamente cada aspecto, sentimiento y deseo al que se sientan impulsados y así, poder autodeterminarse libremente hacia los mejores fines, especialmente a su fin último, que es Dios.

¿Qué conlleva en una persona la virtud de la Templanza?

  • La templanza se apoya en la humildad, la sobriedad, mansedumbre y la castidad, virtudes necesarias para imitar a Jesús.
  • Como seres racionales sentimos la necesidad de ordenar nuestras pasiones hacia nuestros fines para sentirnos realmente satisfechos y autores de nuestro destino.
  • Las personas templadas son más libres, y cuando uno mismo es dueño de sus actos se llega a ser más feliz y se alcanzan metas insospechadas.
  • La falta de templanza abre el caminos para caer en los peores vicios entre los cuales se distinguen los pecados capitales.
  • Toda actitud iracunda, desatada y descompuesta es un claro indicio de que en lugar de dominar la situación somos su víctima.

“Este dominio (la Templanza) da mayor valor al cuerpo. La virtud de la templanza hace que el cuerpo y los sentidos encuentren el puesto exacto que les corresponde en nuestro ser humano”.
San Juan Pablo II, Audiencia General 22 de noviembre de 1978

Oremos.

Padre nuestro, que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre; 
venga a nosotros tu reino; 
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. 
Danos hoy nuestro pan de cada día; 
perdona nuestras ofensas 
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; 
no nos dejes caer en la tentación, 
y líbranos del mal.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Amén.