Era la preparación, la víspera del día del Shabbat, el día del reposo para los judíos. José de Arimatea pidió  Pilato el cuerpo de Jesús. 

Lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.

En la Iglesia, durante el Sábado Santo, el altar desnudo, y el sagrario abierto y vacío nos invitan a permanecer en actitud de espera junto al sepulcro del Señor.

En silencio, junto a María, meditamos la pasión y muerte de Jesús, su descenso a los infiernos, y esperamos su Resurrección.

Bendito Sábado Santo en esta espera.

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